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domingo, 30 de outubro de 2011

~~ infinidade ~~~~

Hoje vou cantar as rimas mais pobres que conheço, vou limpar a sola dos sapatos mais puídos, vou colher meus fios de cabelo mais rebeldes que caem indóceis no meio do caminho. Hoje vou me dar conta das coisas minúsculas da rotina mais cotidiana, dos minutos mais sem nexo, dos raios de luz mais invisíveis – e que quase não me alcançam. Hoje celebro uma descoberta acima de quaisquer palavras, a essência daquela que sou, daquilo que sei e, especialmente, de todo esse mistério infinito que pouco explico, mas que acolhe minha existência mais túrgida. Hoje, e não amanhã. As rimas, os raios. A essência, o infinito. Onde quer que, como quer que, hoje.

sábado, 6 de agosto de 2011

corpaço, compasso

Certo dia, não sei quando, meu corpo proclamou independência: quero vida própria. Desvinculou-se da senhora excelentíssima razão e pediu permissão à alma para percorrer aprendizagens particulares e solitárias.

Agora, existe à revelia do que penso, do que quero, até do que sinto. Autônomo, reage inclemente às vibrações alheias. Intumesce, reverbera. Reconhece umidades, cheiros e vontades segundas – equivocando-se às vezes, gozando outras tantas. Meu corpo não partilha todos os seus amigos comigo; há momentos em que me assusto quando me dou conta de que há alguém a meu lado, me olhando simplesmente, numa tentativa quase sempre infrutífera de apreender minha alma por meio de meus poros. Porque nem sempre estamos de acordo, eu e meu corpo, sobre quem realmente temos de deixar entrar.

Meu corpo começa a aprender quando diminuir o compasso e aumentar a escuta. Nessas horas, a alma se aninha, a razão se aproxima, e me sinto inteira e presente.

domingo, 15 de maio de 2011

Señal de los tiempos




Eran calles extrañas, demasiado púdicas, ornamentadas por bares de unas cuantas cañas y rebeldías efímeras, por edificios hermosos pero opacos, por plazas de todos y de nadie a la vez, una atmósfera de burbuja disuelta en el aire. Había llovido y ahí estábamos. Caminando.

Caminábamos consecuentes y cuidadosos, limpios y decentes. Casi no mojábamos nuestros zapatos en la resaca de las esquinas. No ofendíamos el léxico ni el manual de buenas costumbres. No provocábamos la gente que salía del metro o que aguardaba, con algún enfado, a su autobús. Sin embargo, no esperábamos que el semáforo se volviera verde a nosotros; pero tampoco avanzábamos límites. Estaba muy claro: yo termino aquí, tú empiezas ahí, no nos confundamos.

Era noche y caminábamos.
Yo buscaba alguna obscenidad, alguna pequeña tragedia oculta en la noche amena, alguna herida aún abierta. Pero era todo de una ligereza tan grande, tan fresca, tan deshumana que me aturdía. Las calles extrañas olían a una superficialidad premeditada y artificial, las vitrinas de las tiendas, las ventanas de los restaurantes, la gente en ropa de sábado, los coches en alta velocidad: todo parecía reflejar el esqueleto de una alegría que ya no estaba.
Parecíamos contentos.

Caminábamos por rutas ya agotadas de tantos recorridos. Rutas sin novedades. Rutas dibujadas de antemano. Y él me hablaba aburrido: ¿que es viajar sino recorrer rutas que ya están hechas?

Caminábamos porque todavía no era hora. No era hora de coger el tren, no era hora de despedirnos, no era hora de alimentar la joven y testaruda amistad que insistía en mantenernos ahí, andando lado a lado.

Pues lo que me hacen los viajes, yo decía en silencio, entrelíneas y con los ojos desprotegidos, es la descubierta misma de un pasaje que nadie ve y que te conduce a un camino salvaje y desvergonzado. Es la descubierta misma de un paisaje que te desorienta, te disturba, te saca de las líneas tan precisas de tus cuadernos de notas. [Él no me escuchaba, era noche, caminábamos, todavía no era hora de coger el tren]. Los viajes verdaderos, yo masticaba como si fuera una zanahoria infinita, nhac, nhac, nhac, te transforman en otro tú. Tienes, a cada viaje verdadero, que botar fuera los espejos y los calcetines que usabas inmediatamente antes. Viajar de verdad no es evitar las rutas que otros ya hicieron, sino evitar nuestras propias rutas, aquellas que ya conocemos hasta de ojos cerrados y bostezos al acaso.


Pero él no me escuchaba.


Era noche, se hizo tarde, llegó la hora del tren y, para captar algo de alma en aquella noche tan cálida y tan ausente de su naturaleza de noche, para captar algo de su alma, le cogí la mano y le di un beso.


Las calles seguían raras y mojadas. Las sombras ocultas por las luces de los edificios me miraron con fastidio y desconfianza. ¿Qué haces? Él me dio las espaldas. Yo había perdido algunos gramas de cariño: ‘todo lo que es sólido se deshace en el aire’.


La plaza era bonita por la noche y sonaba a película.
Busqué una ruta conocida. No había. Busqué una ruta dibujada. No sabía.
Fue entonces, en aquel momento, que ha empezado mi verdadera aventura. Era noche, ahí estaba. Caminando. Con la alegría espontánea de aquellos que saben que un día, en un minuto o en mil años, llegarán al mar.

quinta-feira, 24 de março de 2011

un cuadro

A la querida amiga Claudia Pimienta,
cuya muerte prematura me rellenó de tristeza y saudade









Y un día estás ahí, terminando de pintar un cuadro, en duda si eliges el lila o el morado – que la gente apresurada siempre dice que da igual, que es como usar sinónimos en poesía, que uno no si da cuenta, que es un preciosismo de artista, que a la vida real poco le importa eso de diferencias sutiles o tonos hermanos –, y entonces estás ahí, terminando de pintar un cuadro, un cuadro que fue costoso de empezar, todas esas mezclas de tintas que olían a recuerdos ni siempre amables, los pinceles novedosos y por veces rebeldes, estás ahí intentando avanzar en las texturas y el lienzo que te pide más y más entrega, y consume más y más tinta, no sabes si te metes entera, si usas acrílico o óleo o pasteles, si todo, si nada, estás ahí delante de esa pintura tan densa y no avanzas, lloras, tienes hambre, quieres dejar todo y salir volando del balcón, te olvidas de las horas, ensucias los dedos de tinta amarilla cuando tu tono interno es azul, ya pareces crear algo nuevo cuando quieres simplemente borrar equívocos, pides perdón al sol por te estar donando tanto a las estrellas en los últimos días, te entregas al mar cuando la temperatura se vuelve más calida, y sigues con los no-dibujos, te sientes compartiendo puros sueños con el lienzo, te deshaces de las medias cuando te pones de rodillas para regalarle a la pintura un efecto de luz, tu propio efecto te afecta, necesitas de música y silencio alternándose vorazmente, ahí estás con tu cuadro, es tuyo y no es, te ves desnuda en él, completamente, totalmente, te ves en los ojos de él, buscas aquel azul que es suyo, sientes el olor de hombre que sales del cuadro, paras la pintura para estar con él durante un rato, mirándole, mirándole, indagándole en silencio por que se va, por que se va justamente cuando, el cuadro también te pregunta: por que te vas si no me has terminado, tu vuelves y lo terminas, terminas una botella de vino, terminas la sed antigua porque ya has encontrado una fuente nueva, y mientras estás ahí, terminando de pintar aquel bendito cuadro, en la duda a veces banal entre el lila y el morado, en la duda a veces crucial entre el dulce o el amargo, estás ahí con las rodillas jodidas, las medias rotas, el cuerpo ardiente del amor hecho recientemente, los dedos sensibles de tanto color, de tanto ardor, los labios llenos de ternuras, oídos en franco aprendizaje de las sonoridades embarazadas y también de las brumosas, entonces estás ahí, terminando el cuadro, es día, hace calor, tienes un poco de frío y no sabes por qué, estás ahí, sintiendo la vida que te brota como flor en tus senos, en tus manos, entre tus piernas, entre tus brazos, pura recreación enamorada del existir, estás ahí


terminando

aquel cuadro

hace calorcito afuera

mantienes las cortinas aún cerradas sin que sepas el por qué

cuando te llega el mensaje.


El cuadro todavía hace sentido, hace mucho sentido, el cuadro eres tú, pero el cuadro que casi está terminado, el cuadro aún inconcluso, la pintura que es tan tuya tiene de incorporar el hecho de que ella, la joven amiga, ya no existe más en ese mundo de las cosas concretas y palpables. Que ella, la joven amiga, tiene que virar luz, tono, color, sombra, brillo, retomar vida otra sob tus pinceles.

¿La muerte es lila, es morada, es negra, es blanca, es acrílica, o se pinta con óleo?
Tus rodillas te joden, tu no te olvidas de la presencia de él en tu cuerpo, no sientes sed ni cansancio, ya no te importa si no hay más blanco, pero es inevitable que ahora las lagrimas se caigan sobre las tintas volviéndolas acuarelas, rellenándolas de esperanza triste.

¿Por que moriste?, preguntas al viento indeciso de irse o de estar y abrazarte. Nadie sabe. Derrumbas un vaso, un suspiro, migajas de pan nuevo, gotas de tinta en el piso. Puro rojo sucio, puro sentimiento neblinoso. Agradeces a ti misma por creer en Díos. Y en el misterio. Y en el amor. Por pintar.

Y entonces pintas el cuadro con mucho más pasión, como si el lienzo fuera tu corazón aturdido, desconcertado, descompuesto, humano, sublime. Tú pintas el cuadro más sincero de tu vida porque lo cargas de verdad, de la verdad de que la vida es noche de amor y mañana de duelo, tarde de calidez y sonoridad, silencio y reflejo, dobles y únicos, contradicciones, la vida es lila y morado todo junto, todo a su vez, un work-in-progress casi siempre terminado.

Casi siempre terminado.
Pero que se termina. Pero que sigue continuando, redundante, petulante, desafiante: la vida y tu cuadro. El cuadro de tu vida. Tú misma delante de la vida y de tu cuadro. Ahí estás.

*

Y un día estás ahí terminando de pintar un cuadro, otro. Y...

terça-feira, 13 de outubro de 2009

domingo, 11 de outubro de 2009

terça-feira, 25 de agosto de 2009


Dobra as dóceis pernas quando caminha, fera felina e humana,
Aninha mansidões em trechos extensos de bem-querer
E profundas indignações em cantos obtusos de seu peito circular
E caminha e caminha e caminha
Já que nunca chega e não chega nunca e nunca não chegará

Solidões são sólidos limões que correm escorrem morrem no Solimões?
Estalactites ecoam dúvidas deprimentemente individuais
– seiva: fissuras são normais

A frieza das indiferenças das incompreensões dos descompassos e dos marcapassos
socioeducativoculturais – puros sais de banho
O apelo ardente do frio lá fora clamando por coragens interditas e paciências infinitas
Na era do gelo – mero cobertor para a incessante dor
Desdobram contrastantes interações com esse tal de “mundo lá fora”
(não use aspas)

Agora: -pare com isso de ferimentos experimentos excrementos e jumentos
De quem quer que seja, sejam meus, seus, nossos, ou dele!
Cuide do bolo empantumado no forno de suas – não minhas – excomunhões
Pare, pare, pare de falar de cumprir de exibir de esculpir obrigações,
Por que não me rasuro de suas contas caras do passado?

Paz, pelamor, paz
Silêncio, sêclemente, ouvidos

Fera felina caminha e caminha, caminha as dóceis pernas que se dobram
Na dor no salto no bote no desapego na oração e na morte
São vastas vastas vastas essas trajetórias inconclusas e difusas
São vastos vastos vastos esses ires e voltares em tons estelares
Novos grandes largos frescos ares
Ah, humana felina santa cruel princesa enternecida,
Dama e bruxa no beabá.

Quase, quase, quase e lá
Um horizonte ofuscado pelo tempo kairós de uvas sem caroço e de mulheres sem moços
Um heróico esforço de delicadamente mastigar
O fulgor o estupor o pavor o temor de ultrapassar
A fronteira entre o existir e um inevitável eternizar-se.